Llegó la hora de poner controles a la comida chatarra y a las bebidas azucaradas

Una audiencia pública para discutir el futuro de la alimentación en Colombia y cómo mejorar los mecanismos para reducir la obesidad se cumplirá este lunes 7 de septiembre en la Comisión I de la Cámara de Representantes.

Audiencia comida chatarra

Regular la publicidad y el consumo de alimentos con alto contenido de grasas, sales y azúcares “no es un asunto estético o un capricho sino comenzar a enfrentar un grave problema de salud pública: la epidemia del siglo XXI” dijo la representante Angélica Lozano.

En la audiencia participarán el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, el director Alimentos y Bebidas del INVIMA, la FAO y los principales académicos y organizaciones civiles del sector.

En Colombia la principal causa de muerte es la enfermedad cardiovascular. Y aunque ya existe legislación para controlar, atender y prevenirla, los resultados son alarmantes: el 17% de los colombianos es obeso y la mitad, padece de sobrepeso, antecedentes claves en el desarrollo de esa condición fatal.

“La ley no tiene dientes, responsables ni acciones concretas. Por eso queremos abrir la discusión sobre los mecanismos para que los colombianos puedan gozar de una mejor salud y calidad de vida” dijo la concejala María Fernanda Rojas, quien impulsó desde el Concejo un proyecto de acuerdo para reglamentar la venta de bebidas azucaradas y comida chatarra en colegios y parques públicos de Bogotá.

El panorama no es alentador porque las comidas favoritas de los colombianos tienen altos contenido de calorías, grasas, azúcares y sal. Un 24% consume comidas rápidas semanalmente y 22% gaseosas o refrescos diariamente. El año pasado los colombianos gastaron 13 billones de pesos en gaseosas y bebidas azucaradas.

“Puede que esos productos sean los más rentables para quienes usufructúan esos negocios, pero no para la salud de niños y niñas, la mayoría de los cuales serán pacientes crónicos del inoperante sistema público de salud cuando sean adultos” señaló la senadora Claudia López.

Con el panorama actual no solo las enfermedades cardiovasculares, sino la hipertensión, los cuadros glicémicos, lipídicos y la diabetes serán inevitables con el consecuente costo para el sistema de salud y la productividad laboral.

El Gobierno es consciente de la problemática y por eso queremos poner sobre la mesa algunas alternativas de regulación como:

Restricciones en sitios públicos

La promoción de hábitos saludables no servirá mientras en las cafeterías de los colegios los niños solo encuentren empanadas con ají, papas rellenas, perros calientes, hamburguesas, salchipapas, gaseosas y paquetes. Limitar al máximo el acceso de los niños y niñas a la comida chatarra es necesario. Podríamos promover que en los colegios solo ofrezcan alimentos que cumplan los estándares nutricionales aprobados por el Ministerio de Salud. Estos se extenderían a universidades, teatros, museos e instituciones públicas.

Impuestos para que la comida saludable sea más barata

Actualmente las bebidas azucaradas se encuentran exentas de IVA. El Ministro de Salud propuso para estudio de la Comisión de Expertos para la Equidad y Competitividad Tributaria un impuesto de 20% sobre su venta, por lo cual se recaudarían $1,9 billones. Ya 19 países han implementado este tipo de medidas, entre ellos Francia, México y Chile.

Límites a la publicidad

Al tiempo que se promueve el consumo de vegetales y frutas nacionales se puede restringir la publicidad de comida chatarra en eventos deportivos, horarios de TV de máxima audiencia o permitir solo publicidad masiva de alimentos que el INVIMA catalogue como saludables.

Información y etiquetado

El conocimiento de la ciudadanía sobre esta problemática es muy limitado. Pocos saben, por ejemplo, que una gaseosa de 350 ml puede llegar a tener 7 u 8 cucharadas de azúcar o que un “combo” de hamburguesa doble queso con papas fritas, gaseosa y postre tiene 500 calorías más de lo recomendado para un día. Modificar las etiquetas para que la población tenga información relevante y precisa sobre el contenido nutricional de los alimentos que consume es fundamental.