Metro elevado: Un patio taller sin piso

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No se entiende la aparente seguridad de la administración al presentar su metro elevado, cuando el proyecto tiene tantos vacíos y requisitos por resolver. Uno de ellos, pero no el único, los terrenos inestables donde planean construir el patio taller.

Mafe Rojas, Bogotá, 04/10/2018

Antes de abrir la licitación para la construcción del metro elevado, la administración Peñalosa debe solucionar los profundos vacíos del Plan de Manejo de Tránsito, los cronogramas, el presupuesto definitivo, los estudios de factibilidad completos y, sobre todo, debe lograr que se apruebe la construcción del complejo de Patios y Talleres en un lote considerado por algunos como una de las zonas menos recomendables para edificar en Bogotá.

En este momento, la nueva ubicación del patio taller es una de las mayores preocupaciones que arrojan las obras del metro elevado. No se conocen las razones para que se haya escogido este emplazamiento, circundado por las aguas del Río Bogotá y el canal Cundinamarca, pero más del 70% del predio esta sobre la ZMPA (Zona de manejo y preservación ambiental) y presenta múltiples riesgos ambientales.

De acuerdo con las proyecciones del IDEAM, este predio se encuentra ubicado en una zona de Alto Impacto de amenazas climáticasy actualmente está clasificado dentro de la categoría de alto riesgo por el Sistema de Información Ambiental de Colombia. El más conocido de los riesgos son las inundaciones por desbordamiento como las que se han documentado en 1993, 2000 y 2011. Aunque la administración distrital explica que ya se hicieron las obras para mitigar este riesgo, sólo tendremos plena certeza de que se haya conjurado cuando sean puestas a prueba. Es decir, cuando ocurra el próximo Fenómeno de la Niña.

De todas formas, las obras están orientadas a prevenir la inundación por desbordamiento, pero ese terreno presenta también riesgo de inundación por infiltración. El lote se encuentra sobre suelos lodosos de considerable espesor, resultado de la acumulación de los sedimentos que ha arrojado el río Bogotá en esa curva de su recorrido. De manera que el agua se infiltra tierra adentro, por fuera del cauce del río. Y un jarillón, construido sobre la superficie, no puede contener esta infiltración subterránea.

Esa peculiaridad del suelo, constituido por lodos y sedimentos de tamaño similar, trae el más preocupante de los problemas: el riesgo de licuefacción por evento sísmico. Éste es un fenómeno en el que, debido a la vibración, los suelos lodosos se compactan y hunden, expulsando el agua hacia la superficie. Es decir, existe la posibilidad de que el suelo, literalmente, desaparezca debajo de la construcción.

Sobre todos estos riesgos, la Alcaldía no se ha pronunciado. Pero se sabe que solicitó la modificación de la ronda hidráulica y de la Zona de Manejo y Preservación Ambiental (ZMPA) ante la CAR, sin presentar ninguna modelación de respaldo, y citando una serie de proyectos requeridos y un concepto jurídico. Esto parece un atajo a los procedimientos de cuyo piso legal, además, tengo serios cuestionamientos.

Según el Plan de Ordenamiento Territorial vigente una ZMPA es suelo de protección al hacer parte de la estructura ecológica principal. El único escenario donde se puede cambiar de POT es el Concejo de la ciudad, y Peñalosa no ha presentado uno nuevo. No entiendo por qué el alcalde quiere saltarse al cabildo de la ciudad, donde por costumbre sus iniciativas han encontrado poca resistencia por parte de la coalición mayoritaria de gobierno. Estos atajos no le hacen bien a la ciudad y sus instituciones.