¿Bogotá sostenible?

BogSostenible

 

 

 

Hace dos años, en 2016, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA) incluyeron a Bogotá en la lista de diez ciudades con una gestión de residuos ejemplar alrededor del mundo. Entre las razones para tal distinción se encontraba la inclusión en el sistema de más de tres mil recicladores. El nuevo esquema de aseo terminó con este proceso y significó un retroceso en términos de políticas sostenibles.

Hace unos años estuve en Malmö, Suecia, y allá tienen un modelo de “eco-ciclo" que incluye separación en origen, instalaciones que generan energía de la basura, reutilización, reciclaje y compostaje a partir de restos de comida y jardín. Gracias a ello, en apenas una década de implementación del modelo, los residuos que llegan al vertedero pasaron del 22% al 0,7% del total de basura producida por la ciudad.

Pero eso no es todo. Adicionalmente se cubre el 60% de las necesidades de calefacción de Malmö y se producen 25.000 toneladas anuales de biofertilizante, 10.000 toneladas de compost y biogás equivalente a dos millones de litros de gasolina. En otros lugares como Singapur, la basura proporciona el 3% de la electricidad de la urbe. En Flandes, el modelo de basuras es una mezcla de políticas sociales, fiscales y legales, que incluyen el interesante sistema de "paga según botas": cuanto menos basura producen sus ciudadanos, menos impuestos o tasas municipales pagan.

No es ciencia ficción, son soluciones viables que muchas otras ciudades del mundo están implantando. Se trata de modelos de disposición de basuras que podríamos perfectamente tener aquí, pero ni siquiera estamos pensando en eso. El debate que estamos dando es tan básico, que el nuevo esquema de aseo ni siquiera cuenta con un mecanismo claro que garantice la separación y el reciclaje de los residuos.

En resumen, podríamos estar enviando a Doña Juana casi la mitad de la basura que enviamos actualmente, podríamos tener a los recicladores vinculados formal y dignamente a este proceso, podríamos tener a los ciudadanos participando del proceso por convicción, podríamos tener tarifas más bajas, podríamos ahorrar dinero y electricidad, podríamos volver a ser destacados como ejemplo para el mundo. Pero escogimos hacer exactamente lo contrario.