Alianza Verde: Después de la unidad por la Paz y el mundial, viene la calma. ¡A pensarnos el Partido!

Alianza Verde: Después de la unidad por la Paz y el mundial, viene la calma. ¡A pensarnos el Partido!

Por: Lázaro Ramírez 

Después del consenso mayoritario en Alianza Verde por apoyar y defender la paz en la segunda vuelta presidencial y la fiesta mundialista que nos puso a pensar en fútbol durante un mes, viene la apuesta por fortalecer y consolidar el partido.

No resulta sencillo. Por una parte, Alianza Verde no logró traducir uno de sus principios y banderas programáticas en un apoyo contundente a la Paz en segunda vuelta como partido, ante la arremetida uribista por torpedearla y cuando dicha coyuntura pedía una respuesta institucional sin ambajes. Recordemos que si bien el apoyo fue mayoritario, Alianza Verde dejó en libertad a sus militantes y electores para votar como quisieran en la segunda vuelta, lo cual sólo puede entenderse como el anhelo de algunos dirigentes por 'valorizarse' individualmente ante cualquiera de las dos candidaturas, antes de respetar las apuestas y principios colectivos.

 

Por otra parte, el afán de una tendencia de los Progresistas por apoyar a Santos en primera vuelta dejó muchos sin sabores  y entre otros un aroma de irrespeto de unas bases  democráticas para la deliberación y postura conjunta. En últimas, lo mínimo que se espera de los antiguos Partido Verde y Movimiento Progresistas -ahora en Alianza Verde- es que esta apuesta por construir una Colombia diferente no claudique por afanes personalistas y caudillistas.

Llorar sobre la leche derramada tampoco sirve de  mucho. La reflexión queda para no repetir los errores en el futuro. Por eso Alianza Verde ahora en tiempo de calma debe pensarse para fortalecerse, crecer, consolidarse y ser una real esperanza política para los colombianos.

Varios retos nos esperan en el camino. Como primera medida es menester consolidar la fusión verde-progresista. La realización de un congreso de unidad que aterrice los acuerdos de la fusión en una verdadera apuesta política-programática y que le de dientes estatutarios a la participación equitativa y democrática de las fuerzas en instancias como las direcciones regionales o en sectores como  jóvenes y mujeres, debe ser la prioridad al igual que definir unas reglas ampliamente democráticas y claras para las elecciones de 2015. Con esto los Progresistas no tendríamos definitivamente ninguna excusa para desconocer los acuerdos y apoyar otras candidaturas en las elecciones que se vengan.

No menos importante y como acápite de lo anterior, a los progresistas nos corresponde trabajar para consolidar esta nueva fuerza (Alianza Verde)  y ayudar para que crezca electoral y políticamente, invitando a nuevos actores de la izquierda, el centro y de independientes. Frente a las elecciones de 2015 que se avecinan debe desestimarse cualquier intención por salir nuevamente a recoger firmas y crear otra colectividad con Petro como promotor. Si bien la política colombiana es desesperanzadora, fundar nuevos partidos a cada rato no contribuye a un clima de estabilidad con paz y democracia. 

Como segundo término, con la nueva bancada en el Congreso de la República, Alianza Verde debe destacarse por ser una fuerza de oposición al gobierno de la unidad nacional, entendiéndose esta como una postura crítica ante las diferentes políticas y que por ende no participa con ningún cargo del gobierno. No queriendo decir que esta será una postura sectarista que no pueda apoyar ninguna iniciativa del gobierno que merezca de un consenso nacional y menos en tratándose de la Paz que merece el concurso de todas las fuerzas para llevarla a buen puerto. Adicionalmente, Alianza Verde debe destacarse por cumplir con la promesa electoral de desarrollar las reformas legales para darle dientes a la Paz y de esta forma evitar que la guerra sea la norma en diferentes regiones del territorio colombiano.

Tercero, algo que parece obvio pero que quizás se soslayó y no ha sido desarrollado del acuerdo de fusión entre verdes y progresistas es el respaldo a los Alcaldes y Gobernadores –incluyendo al Alcalde de Bogotá- que ganaron con el nombre de los antiguos movimientos. Más allá que por principio los partidos de gobierno no deben aplaudir toda política que venga del gobierno de turno  y aprobar sin mayor debate cualquier decisión del establecimiento, se entendería que  los elegidos deberían seguir siendo respaldados por quien los eligió, así ese mismo partido agrupe ahora a más colectividades.  Sería muy extraño que lo propio no ocurriera con Alianza Verde, a menos que existiera una nueva postura institucional del partido (más no individual) en que dejara claro que se distancia del Alcalde electo de Bogotá o de cualquier mandatario electo que se apoyó, y dejando claro el porqué se asume esa nueva postura.

Por último, las elecciones regionales de octubre de 2015 serán el escenario propicio para medirle el aceite a Alianza Verde. Sabremos cuánto se habrá consolidado, cuanto habrá crecido y cuánto se habrá fortalecido en época no electoral. Para esto el partido deberá apostarle en serio y ahora si a desbogotanizarse (descentralizarse), convocar a más sectores de la opinión (del centro, la izquierda e independientes) y ser una muestra real y esperanzadora de una renovación de la forma de hacer política en Colombia.