De nuevo las mujeres son las más perjudicadas en medio de esta crisis

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Urgen medidas para enfrentar las altas cargas de labores domésticas y de aquellas asociadas al cuidado que han tenido que afrontar muchas mujeres, desde siempre y ahora acentuadas por la pandemia.

Las desigualdades se hacen más evidentes en las crisis. Por eso, por ejemplo, cuando se analizan los datos de mortalidad por la pandemia se puede constatar que la mayoría de fallecidos en el país están en los estratos 1 y 2. La Universidad de Los Andes encontró que en Bogotá, en el estrato 1, por cada 10 mil hogares, se han presentado 24,92 fallecimientos. Para el estrato 6 las muertes son de 1,96. Las afectaciones económicas también son más evidentes para las personas que dependen de actividades informales y o que están dentro del tejido productivo que resulta destruido, prima el conformado por las microempresas.

La situación de las mujeres ha sido inequitativa desde siempre y la pandemia, junto con las medidas necesarias para enfrentarla, también aumentó esa desigualdad. Las cifras del Dane revelan que el desempleo creció. Pero ese crecimiento es diferente cuando se analiza por sexo. Es de 17% para los hombres y de 25,5% para las mujeres. Así las cosas, la brecha de género en este tema creció de 5% en julio de 2019 a 8,5% en el mismo mes de 2020. 

También se encontró que un porcentaje importante de mujeres ha dejado de ser parte de la población económicamente activa (es decir, dejó de trabajar o de buscar trabajo). Esa porción de población “inactiva” entre ellas aumentó en 8,3%, frente a un crecimiento de 5,2% para los hombres. La gran mayoría de las mujeres que salieron del mercado laboral lo hicieron para dedicarse a oficios del hogar y del cuidado de sus familiares (64,5% de los casos). Esto afectó o retrasó objetivos o metas trazadas a nivel individual y dificultó, en la sociedad, el cumplimiento de otros derechos como la equidad en las remuneraciones o el acceso a cargos de decisión.

Es un fenómeno que se repite en la región. En una investigación de Karina Bueno en Perú se nota como, además de verse allí también el incremento en la “inactividad” laboral de las mujeres, las encuestas mostraron que la angustia y la ansiedad de aquellas que continuaron trabajando desde casa fue mucho mayor que la que se observó en hombres. 

Las labores típicas del hogar como la limpieza (a la que ahora se le suman unas labores dispendiosas de desinfección), el acompañamiento emocional a la familia (sin tramitar las tensiones propias), más el cuidado de niños y personas mayores interfiere mucho más en el teletrabajo femenino. La dificultad para concentrarse debido a estas situaciones es muy grande y los niveles de exigencia y de tiempo en el trabajo en casa han tendido a incrementarse, porque se pierden los horarios laborales propiamente dichos, lo que lleva a niveles muy altos de estrés y cansancio. 

Según un estudio citado por El Espectador, las mujeres en Colombia, Brasil, Argentina y Chile están durmiendo en promedio 5 horas diarias. Como si fueran pocas estas presiones, la evidencia de varios casos de la zona demuestran que el acompañamiento escolar también se concentra en las mujeres. La Cepal resalta que en la región, 37 países han cerrado escuelas para frenar la expansión del virus y esto implica que, por lo menos, 113 millones de niños, niñas y adolescentes fueron enviados a sus casas. El impacto de esta realidad sobre las mujeres es abrumador.

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