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NUESTRA COLUMNA. ¿Necesitamos al Esmad?

 

esmad grabando

Esta última semana el Esmad ha estado en el centro de la discusión pública en Bogotá, debido a su actuación durante las protestas en contra del gobierno Duque. Mientras un pequeño sector se ve a gatas para justificar la represión de las manifestaciones, una buena parte de la ciudadanía cuestiona duramente a este cuerpo policial. Uso innecesario del escuadrón, abuso de la fuerza, violación de los protocolos y violaciones de los derechos humanos son algunas de las acusaciones que se lanzan. Se pone así en entredicho la continuidad de este cuerpo de policía.

La discusión no es nueva, y casos tan preocupantes como la lamentable muerte de Dilan Cruz señalan que no podemos seguir aplazándola. Con el ánimo de aportar elementos de juicio a esta discusión revisamos el comportamiento de la Regional Antidisturbios N°1 con sede en Bogotá, durante el primer semestre de 2019, con respuestas obtenidas de diferentes entidades policiales, empezando por el mismo Esmad, y revisando los archivos de prensa de los medios nacionales.

La primera pregunta que asalta en esa revisión es ¿para qué tenemos realmente un Esmad? Ese cuerpo, en teoría, es la dependencia del Comando de Unidades Operativas Especiales “encargado del control de disturbios, multitudes, bloqueos, acompañamiento a desalojos de espacios públicos o privados”. Pero las cifras nos dicen otra cosa: el Esmad en Bogotá es una fuerza de represión para jóvenes y estudiantes. Es una afirmación fuerte, pero tengo motivos para hacerla.

Durante el primer semestre de 2019 el Esmad estuvo presente en 73 confrontaciones con población civil inmersa en manifestaciones o en situaciones de otro tipo. Eso quiere decir que, en promedio, estuvo casi que día de por medio actuando en algún punto de Bogotá. Lo que llama fuertemente la atención es que de esas 73 actuaciones, sólo 30 no estuvieron dirigidas contra estudiantes.

Los datos son contundentes: En el 55% de las ocasiones, el Esmad actuó contra jóvenes y estudiantes, bien en inmediaciones de las mismas universidades o bien en protestas realizadas en otros puntos de la ciudad. Según esos mismos registros, la mayoría de acciones se realizaron contra estudiantes de la Universidad Pedagógica. El día con más confrontaciones del primer semestre del año fue, según los registros del Esmad, el 25 de abril de este año. Ocurrieron en total 13 choques en un solo día, en el marco del Paro Nacional contra el Plan de Desarrollo.

Estas cifras son suficientes para preguntarnos por las tareas para las que está siendo utilizado este cuerpo, la rigurosidad de sus procedimientos de cara al derecho, la proporcionalidad en el uso de la fuerza y la pertinencia de tener una fuerza de choque actuando contra ciudadanos, en situaciones normales dentro de una democracia.

Las faltas

 

De las 73 intervenciones del Esmad durante el primer semestre, alrededor del 74% fueron en el marco de manifestaciones y protestas. Las demás intervenciones fueron desalojos, acompañamiento a operativos policiales y desordenes en centro de reclusión, entre otras situaciones. Esto revela que hay un uso sistemático del Esmad mayoritariamente en contra de ejercicios ciudadanos perfectamente legítimos.

Todo esto con el agravante de que resultan poco claras y discutibles las razones por las cuales se disuelven concentraciones pacíficas que, tal como nos pasó en Ciudadela Colsubsidio defendiendo el humedal Tibabuyes, tienen como reclamo una mesa de concertación con las autoridades. Así, hemos visto al Esmad atacando a personas con los brazos levantados o incluso arrodilladas, que corean “sin violencia”; y disolviendo con ferocidad reuniones que no representan ningún peligro. Desde mi punto de vista, no puede ser que cada vez que los ciudadanos piden ser escuchados, la respuesta del gobierno sea el uso de la fuerza. Eso es autoritarismo, no democracia. Pero a pesar de su gravedad, no es la única irregularidad que se encuentra en la participación del Esmad.

Resulta llamativo, por ejemplo, que se le preguntó a la autoridad competente por las capturas o detenciones que se hayan realizado en medio de operativos del Esmad, ya sea por la misma fuerza o por otras autoridades de policía. El Mayor Mauricio Fernando Sáenz Córdoba, comandante de la Regional Antidisturbios N°1, contestó que “no se evidenciaron registros de capturas o aprensiones realizadas por el Esmad en la ciudad de Bogotá”. Sin embargo, sabemos perfectamente que tales detenciones ocurren.

El Esmad puede hacer detenciones de ciudadanos que hayan cometido algún delito, pero su tarea es llevar a los detenidos ante oficiales de la policía y presentar las pruebas que sean necesarias para la judicialización. Entonces, lo que puede estar pasando es que no se registran estas detenciones o no se completa el procedimiento. Simplemente retienen a ciudadanos, no sabemos bajo qué criterio, para liberarlos tiempo después sin que existan acusaciones o pruebas que justifiquen tal detención. Esto no es un procedimiento regular.

En el video del ataque al estudiante Dilan Cruz, se advierte claramente cómo un miembro del Esmad apunta su arma directamente al estudiante. La idea de las armas y accesorios que portan los miembros del Esmad es que sean no letales, que sirvan para disuadir y no para agredir. Sin embargo, hay en este momento fuertes sospechas de que, al parecer, se usó munición no convencional ni permitida. Las autoridades deben tomarse muy seriamente estas sospechas, porque revisten el caso de connotaciones legales muy graves.

Todo parece indicar que no es un caso aislado sino una acción recurrente del Esmad. Por ejemplo, cursan en este momento otras dos investigaciones contra miembros del Esmad en Bogotá por denuncias de disparos al cuerpo de ciudadanos, ambas ocurridas en el primer semestre de este año. Una de ellas es de un periodista que cubría los hechos para su medio de comunicación. Durante las recientes manifestaciones contra el gobierno, se han conocido otros casos similares que aún no han sido esclarecidos.

Discusión aplazada

 

Los datos que entrega la institución con respecto a los procesos contra miembros del Esmad es confusa. En una respuesta indican que cursan en este momento 45 procesos con 47 miembros del Esmad investigados. Pero en otra respuesta, el número desciende a dos sancionados, cinco investigados y siete procesos vigentes.

La regional antidisturbios con sede en Bogotá cuenta con 578 miembros, de los cuales 511 son patrulleros. ¿Se está usando este personal para tareas que no le corresponden y está actuando de manera indebida? Eso es lo que indican los datos recogidos. Frente a esto, hay quienes proponen la desaparición del Esmad. Pero, en la otra mano, es válido preguntarse qué respuesta tenemos para situaciones excepcionales, que nada tienen que ver con la protesta legítima, como saqueos y asonadas.

Es necesario pensar en otro tipo de organización de acompañamiento a las manifestaciones ciudadanas y revisar los procedimientos del Esmad en situaciones excepcionales. La muerte de Dilan pone de presente que, como sociedad, necesitamos respuestas y acciones inmediatas. Esto no puede volver a ocurrir. Al presidente Duque se le está haciendo tarde para llegar a acuerdos con el Comité del Paro y representantes de la sociedad civil. Y sin duda, la continuidad del Esmad debe formar parte de esa discusión. Se lo debemos a Dilan.