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El POT, un tema de todos

 

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De ser aprobada la propuesta de Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la actual administración muchos ciudadanos verán afectado el entorno en el que se han desenvuelto por años. Hay varias medidas que los afectan. Además, temas como el patrimonio y el ambiente se ponen en grave riesgo. Es un proyecto que impacta a todos. Muchos sacrificios, muchos cambios agresivos sin que haya una razón que realmente justifique esas decisiones.

Un POT ordena el territorio, define qué zonas son residenciales y en dónde se ubican actividades económicas como tiendas, supermercados u oficinas. Determina dónde puede haber colegios u hospitales. Es también la herramienta que permite planear el crecimiento de la ciudad, es decir, permite saber hacia qué áreas se extenderá la zona urbana y en qué lugares el crecimiento será hacia arriba. Define mucho del modelo económico que se priorizará en la ciudad y qué tipo de inversiones e infraestructura se desarrollará en el territorio.

El impacto sobre la calidad de vida de los habitantes de la ciudad es muy grande. Está en juego la conformación de los barrios en los que las personas desarrollan sus actividades, la ubicación de sus trabajos o negocios, el espacio público que tendrán realmente cerca, el tipo de movilidad del que podrán disponer, la ubicación de los servicios que requieren en salud y educación y, además, el tipo de ecosistema que soporta el territorio en el que habitan.

Se han visto ya movimientos ciudadanos preocupados por los impactos que tendrá la propuesta de POT del alcalde Peñalosa sobre sus barrios. Es notoria ya la movilización de ciudadanos por la demarcación de polígonos para la venta y consumo de licor (o polígonos de alto impacto como se denominaron en la primera versión de este plan). Los habitantes de Modelia han mostrado su inconformidad con esa propuesta que también existe en Galerías y en Chapinero (en esta última localidad hay un área de este tipo al frente de un colegio). Las medidas de mitigación de estos usos sobre zonas residenciales aún no son del todo claras.

En barrios como Quirinal o La Esmeralda se resisten a la desaparición de esas zonas tradicionales para dar paso a la construcción de edificios de gran altura. Esa propuesta, de aprobarse, terminará generando gentrificación, un proceso de desplazamiento de la población que ha ocupado por años esos barrios, que consolidó sus actividades y sus redes sociales en esas zonas. Todo para permitir la renovación urbana y densa a ultranza.

Pero lo más grave es que esto no solo se observa en estos dos barrios, también sucede en otros como Colina, Iberia (cerca a la Hacienda San Rafael), Los Alcázares, Patria, Andes, Salitre Greco, Bolivia y varios otros, además de la zona aledaña a centros fundacionales y a algunos humedales de la ciudad. En varias de estos lugares, muy seguramente, la información sobre los cambios propuestos no ha llegado o nunca fue clara.

Habrá también áreas que, aunque no tienen un tratamiento de renovación tan drástico, si tienen barrios vecinos con esos problemas y esta situación terminará afectándolos sin remedio. Las consecuencias de una densificación exagerada en su área cercana los impactará. Estarán muy cerca de barrios con edificios muy altos, donde habrá vías insuficientes. Sólo la velocidad de desplazamiento puede bajar a la mitad de lo que se observa hoy, como se proyecta que ocurrirá en la zona del proyecto Alameda Entreparques en Barrios Unidos o en el área de Proscenio en Chapinero.

Hay algunas zonas de generación de empleo que se verán afectadas. No pertenecen a los sectores que esta Administración considera prioritarios como los de la economía naranja y el turismo, pero son importantes por el ingreso y los puestos de trabajo que generan. El sector del 7 de agosto es un ejemplo. La construcción de torres para vivienda terminará por desplazar la zona de talleres, textiles y otras microempresas. ACOPI también muestra preocupación por lo que ocurrirá en general con el sector manufacturero, muy importante para la economía, pero desplazado, literalmente, en la propuesta de POT. ¿Cuántos empleos quedarán en veremos?

Hay ciudadanos que han consolidado procesos comunitarios para cuidar y conservar los humedales, canales y ríos de su barrio. Su esfuerzo se perderá. Esos espacios, que son componentes de sistemas estratégicos que deben ser protegidos, podrán ser endurecidos y tratados como simple espacio de recreación. Se propone en el POT hacer canchas sintéticas (las consentidas de esta Alcaldía) y ciclorrutas que deteriorarán esos espacios y afectarán a toda la biodiversidad que ahora se observa en esas áreas.

Todos los cambios, la renovación que se extiende por un área muy grande de la ciudad, la expansión hacia zonas vulnerables como la cercana al Río Bogotá y la asimilación de la Estructura Ecológica Principal al espacio público no tienen un sustento fuerte. Ya el Consejo Territorial de Planeación y la Universidad Nacional han hablado de las bases débiles del modelo. Hay inexactitud en las cifras de población y en la necesidad de vivienda. En general es un plan incoherente.


[1] Se hizo con base en una proyección de población de 8.181.047. El DANE reveló que el dato real es de 7.181.469. La necesidad de vivienda supuestamente era de un millón de unidades. Aunque las hectáreas necesarias para esas viviendas son máximo 5.400 hectáreas, la propuesta de POT generaba más de 8.000 hectáreas de suelo. Absolutamente desproporcionado.